viernes, 28 de marzo de 2014

Joyas que trajeron mala suerte (Josue Mirena Gonzalez Ruiz)


Todas tenemos pequeñas supersticiones sobre piezas de joyería que poseemos, como un anillo muy especial o ese amuleto de jade que era de nuestra abuela y creemos que nos trae buena suerte.


Sin embargo, una nueva exhibición en el Museo Victoria & Albert de Londres recuerda que muchas royals, aristócratas y celebridades han tenido joyas que les trajeron mala suerte. ¡Y las perlas tienen las historias menos glamorosas y más inquietantes de todas!


En 1600, la colección de perlas de la poderosa Mary II, reina de Inglaterra, Escocia e Irlanda, era famosa en Europa, aunque sin duda le trajeron mucha mala suerte.


Mary tuvo una vida muy infeliz, pues la acusaron de inmoral porque creían que era homosexual, la obligaron a casarse con un primo que no amaba y nunca pudo tener hijos. Murió de viruela a los 32 años de edad.


Una de las perlas más famosas del mundo, que a muchas de sus dueñas trajo mala suerte, es ‘La Peregrina’: una perla perfecta en forma de pera, que por 500 años ha cambiado de dueños, desde que un esclavo africano la encontró en el siglo XVI en el golfo de Panamá.


La perla fue a la Corona de España, donde estuvo durante 250 años. Después, José Bonaparte, hermano de Napoleón, cuando fue rey de España y tuvo que huir del país, se llevó con él ‘La Peregrina’ y otras joyas de la Corona española.


Su sobrino Napoleón III la heredó, pero tuvo que venderla a la familia Hamilton en Inglaterra cuando perdió el trono y se exilió completamente arruinado.


‘La Peregrina’ permaneció en el Reino Unido hasta que Richard Burton la compró en una subasta en 1969 por 37 mil dólares, para regalársela a Elizabeth Taylor, quien la perdió en una ocasión y la encontró en la boca de uno de sus perros.


A la muerte de Liz Taylor, ‘La Peregrina’ se vendió en Christie’s por más de 11 millones de dólares, y nadie sabe quién la posee.



La princesa Grace de Mónaco utilizaba las impresionantes joyas Grimaldi, que estaban ‘condenadas’, porque pertenecían a bandidos de siglos atrás, y su vida terminó joven y trágicamente.


Dicen que por eso Charlene de Mónaco no quiere usar las tiaras Grimaldi que usaba Grace, y solo lleva las joyas nuevas, que le ha regalado su marido, el príncipe Alberto.


El enorme y bello diamante azul Hope trajo mala suerte desde el principio. La reina María Antonieta y su marido Luis XVI lo heredaron, ella lo usó en su coronación ¡y ambos fueron decapitados en la guillotina!


A lo largo de los siglos sus dueños sufrieron accidentes, muertes violentas y enfermedades. Cuando lo compró el millonario Henry Philip Hope (de ahí su nombre), este se fue a la bancarrota.


Después, el joyero Pierre Cartier lo vendió a Evalyn Walsh McLean, quien “no creía en su mala suerte”. De sus cuatro hijos, uno murió en un accidente de auto y otro sufrió una enfermedad mental.


Increíble ¿no?






Josue Gonzalez Ruiz



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