La raíz de la aceptación -entre los jóvenes- de las enseñanzas de Juan Pablo II era que sabía hacer simpática la virtud. Cuando les hablaba, exponía la verdad y la bondad usando el apasionante argumento de una vida auténticamente humana. Y lo hacía mostrando la belleza de los valores, el atractivo universal del bien.
Josue Mirena Gonzalez Ruiz
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